¿Usamos mujeres y hombres distintos tipos de mecanismos de defensa?

Os dejo un resumen de la revisión bibliográfica que realicé recientemente sobre los mecanismos de defensa y su efecto sobre la salud vistos desde una perspectiva de género.

El interés para llevar a cabo esta revisión surgió de la observación durante la práctica clínica de diferencias entre hombres y mujeres a la hora de enfrentarse en su vida diaria a los estresores que se encuentran en su entorno. Esto planteaba la pregunta de si verdaderamente hombres y mujeres utilizan patrones de afrontamiento y defensa diferentes ante las mismas situaciones y circunstancias, si es debido a razones de sexo o de género y cómo estas diferencias pueden estar influyendo en la salud mental de unos y otras.

Concluí, tras revisar la literatura científica que no se aprecian diferencias significativas pero sí se encuentra una tendencia en los datos que señala las posibles causas de uso de unos mecanismos de defensa frente a otros por parte de hombres y por parte de mujeres.

La tendencia de los datos indica que los varones suelen adoptar un estilo de regulación afectiva (aislamiento, intelectualización, fantasía y disociación) y las mujeres tienden a buscar apoyo social (afiliación).

Por otro lado, se observa una tendencia de las mujeres a suprimir la ira, esto relacionado con una mayor sintomatología depresiva, en algunos estudios. Por otro lado las mujeres tienden a buscar más afiliación, al contrario que los hombres que son más activos en la búsqueda de soluciones pero sin pedir ayuda. Estos, además, tienden a suprimir las emociones, tal y como los estereotipos de género dictan, lo cual podría ser la base de algunas de las patogénesis en nuestros pacientes masculinos.

El apoyo social juega un importante papel en la salud. Sentirnos queridos y apoyados por los demás nos hace sentir bien y percibir de forma distinta los acontecimientos vitales que se presentan en la vida de cualquier persona. De esta forma, parece que el que la afiliación, considerado un mecanismo de defensa maduro, disminuye la probabilidad de contraer enfermedades, acelera la recuperación en caso de padecer enfermedades e incluso reduce el riesgo de mortalidad cuando se trata de enfermedades graves.

Diversos autores han sugerido que el impacto del género en el proceso de estrés podría estar condicionado por los patrones de socialización tradicionales. El rol femenino tradicional prescribe dependencia, afiliación, expresividad emocional, falta de asertividad y subordinación de las propias necesidades a las de los otros. El masculino prescribe atributos como autonomía, autoconfianza, asertividad, orientación al logro e instrumentalidad, lo que haría que los varones expresen y acepten con más dificultad sentimientos de debilidad, incompetencia y miedo, mientras que para la mujer será más difícil tomar una postura activa de solución de problemas.

Por lo tanto, parece que las estrategias masculinas serían predominantemente activas, no emotivas, y las de las mujeres de predomino emocional afectivo. Conviene tener esto en cuenta cuando sabemos que un estilo centrado en los problemas y su resolución, es decir, más activo suele ser más funcional y constituir incluso un factor protector respecto a las psicopatologías. En oposición, un estilo menos activo podría estar relacionado con la evitación y su consecuente patogénesis.

Por otro lado, parece que los estilos más centrados en los problemas son más funcionales en las situaciones modificables y un estilo centrado en la emoción será más funcional en las situaciones que no pueden ser cambiadas. Esto se podría tener en cuenta a la hora de presentar a nuestras y nuestros pacientes nuevas estrategias que poner en marcha y los momentos más adecuados para su utilización.

Conforme aparecen trabajos en el enfoque de género, se afianza la idea acerca del significado que la sociedad confiere al hecho de ser hombre y mujer, y cómo esto influye diferencialmente en la salud de ambas poblaciones al originar comportamientos y actitudes que determinan diferentes grados de riesgo.

Lo que sí parece estar claro es que cuando una persona envejece aumentando sus características expresivas (relacionadas con las del rol tradicional femenino) e instrumentales (relacionadas con las del rol tradicional masculino) tiende a tener más recursos defensivos y de un tipo más maduro, lo que parece estar relacionado con una mejor salud y resiliencia. Por lo que las intervenciones que se hagan desde el ámbito sanitario, además de ser integrales, deben tener en cuenta esto para favorecer el desarrollo de las características menos presentes en los sujetos tratados.

Los cambios específicos en la organización defensiva que sería deseable diseñar para favorecer un funcionamiento más saludable de las personas tratadas por una o un psicólogo puede presentar diferencias entre hombre y mujeres. Por eso es tan importante adaptar el tratamiento a las características del paciente.

Las causas que llevan a las personas a consulta son multifactoriales y requieren de una mirada sistémica continuada que vaya observando los orígenes de las demandas, así como la evolución y dinámica de los problemas y los recursos con los que cuenta el individuo para hacer frente a sus circunstancias y qué estrategias serán mejores para aprender nuevas habilidades que garanticen una vida plena y digna que merezca la pena ser vivida.

Puedes consultar referencias bibliográficas y el trabajo completo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *