La importancia de la perspectiva de género en salud

Son muchos los estudios que han explorado, durante los últimos 20 años, las diferencias existentes entre la forma de enfermar y morir de mujeres y hombres.
Es fundamental tener en cuenta, que la mayor parte de los datos que se utilizan en materia de salud se extraen de muestras formadas principalmente por hombres, y que son estos mismos datos en los que se basan los programas de salud comunitaria, dando lugar a muchos sesgos en los resultados. Existe un sesgo, además, en los datos estadísticos que hasta hace poco no se segregaban por sexos al dar cifras de morbilidad y mortalidad, lo que llevaba a conclusiones también sesgadas.
No obstante, existe ya un interés creciente (tanto en las y los profesionales relacionados con la salud, como en otras áreas como la política) sobre el sesgo de género que ha dado lugar a múltiples publicaciones en relación con temas de salud. Esto implica que las diferencias entre mujeres y hombres en materia de salud, que se corresponden con la realidad, están volviéndose por fin visibles al personal médico y de salud mental, que va reconociendo las diferencias y también similitudes (tanto cualitativas como cuantitativas) en la forma en que se adquiere una enfermedad o trastorno, como se cura o trata, como se metabolizan los fármacos y cómo se reacciona ante los tratamientos.

Los sesgos de género en materia de salud se pueden clasificar en:
1. Falsa asunción de igualdad entre sexos.
Es bastante habitual que se asuman igualdades en problemáticas, riesgos y factores de protección respecto a ciertas enfermedades. Esto lleva a extrapolar resultados a ambas poblaciones cuando la información obtenida solo representa a una de ellas, habitualmente hombres.
2. Falsa asunción de diferencias entre sexos.
En ocasiones se asumen diferencias biológicas o psicológicas entre mujeres y hombres, por ejemplo dando por supuesto que la menor prevalencia de una enfermedad en una de las poblaciones se debe a la biología.
3. Limitaciones orientadas a la reproducción
Se asume muchas veces que las únicas diferencias entre hombres y mujeres están restringidas a la salud reproductiva.

En lo que respecta a las enfermedades físicas, aunque algunas sean más prevalentes en mujeres u hombres, y esto pueda ser debido en parte a las diferencias hormonales e inmunológicas, no hay que olvidar que muchas de estas diferencias son debidas a factores culturales. Ejemplos de ello serían: una mayor tendencia a diagnosticar más cierta patología en una población que en la otra o a una exposición a factores de riesgo más habitual en unas que en otros o viceversa.
En cuanto a las enfermedades mentales, existe diferencia constatada de prevalencia de unas enfermedades en mujeres y otras en hombres, muchas de ellas causadas por factores culturales, como los roles o expectativas (por ejemplo, el aspecto físico en relación a los trastornos de la alimentación en mujeres o la tendencia al riesgo en hombres), también es importante mencionar la diferencia existente en la respuesta a algunos tratamientos.
Por lo tanto, es de vital importancia introducir la perspectiva de género en la evaluación, tratamientos, tanto psicológicos como en los médicos.
La psicoterapia de género debe ser, por lo tanto, una alternativa primordial para tratar tanto a mujeres como a hombres y ofrecerles un servicio de salud integral de calidad.

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